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sábado, 1 de octubre de 2011

Incertidumbre

  Y estaba ahí, solo. Mirando a ese tremendo mundo circundante. Enorme. Pero el mundo no tenía, entonces, los límites que solía. la libertad se respiraba en el aire. Sí... Eso era libertad. No estar encerrado aplastado, hacinado, no. Libre... flotando... descansando.
  A lo lejos el horizonte se curvaba y se doblaba sobre sí mismo. ¿Era el horizonte? No lo sabía... ni le interesaba. Si lo era, estaba lo suficientemente lejos como para que jamás llegase. Tenía algo de frío, estar flotando ahí en ese líquido no era de lo mas cálido. Aun así, sabía que si éste hubiera estado demasiado caliente, jamás habría sobrevivido.

  Lo que no sabía era qué le depararía el destino. Siemrpe desde su hacinamiento había visto ver a sus superiores irse, liberarse. Todos iban ascendiendo, día a día. Bueno, casi. Técnicamente el nivel requerido para que los liberaran era cada vez menor, pero en términos prácticos, daba igual.

viernes, 8 de julio de 2011

I want more...

Lo cerrás. Te quedás mirándolo, después de tanto tiempo, al fin terminó. Pasaste horas... incluso días pensando en él... y de un segundo al otro acabó. Ya terminó... no hay más que contar, no hay mas que recibir de él. Ahora todo depende de vos, pero eso no te basta. Vos queres más, querés seguir, porque ya te sentías parte de eso... Te enojás, te sentís vacío. Pasan los dias... vos seguis pensando... pero ya se terminó. Lo odias, odias terminar... a pesar de que era lo que mas anhelabas. De repente... te encontras con otro... sabés que si empezás, no vas a poder parar y te va a pasar lo mismo... va a terminar y te vas a volver a sentir vacío. Pero es imposible resistirse a la obsesión~



Giselle.

domingo, 8 de mayo de 2011

En Tidenopecp


Había cabalgado todo el camino de vuelta desde el Portal hasta la Posada en el bosquecito de hayas. Como estaban en Noyarc frío, los árboles pintaban el paisaje de color ocre, y el suelo estaba húmedo y frío, porque la luz no llegaba a tocarlo gracias a las ramas tan tupidas que se entrelazaban entre sí sobre él.

sábado, 23 de abril de 2011

Cada uno quiere como quiere.

Dedicado a Mili, porque ella me inspiró con la frase del título (la cuál repetía mucho de chiquita) a publicar algo así:

Aclaración: Esto no lo escribí yo.

TESTAMENTO DE FACUNDO FONSECA:

"Yo dejo mis bienes a mi hijo no a mi sobrino tampoco nunca se pagará la cuenta del sastre no dejo mis bienes a mi esposa no a mi cuñado". Que mis deseos sean órdenes.
Facundo Fonseca

A su hijo, sobrino, al sastre, a su esposa, y a su cuñado se le dio una copia de este testamento. Y por fin se murió don Facundo Fonseca. Cada persona se presentó con la copia del testamento ante el juez, que leyeron así:

El hijo:

"Yo dejo mis bienes a mi hijo, no a mi sobrino, tampoco nunca se pagará la cuenta el sastre, no dejo mis bienes a mi esposa, no a mi cuñado". Que mis deseos sean órdenes.
Facundo Fonseca

El sobrino:

"Yo dejo mis bienes: a mi hijo no, a mi sobrino, tampoco nunca se pagará la cuenta del sastre, no dejo mis bienes a mi esposa, no a mi cuñado".Que mis deseos sean órdenes
Facundo Fonseca

El sastre:

"Yo dejo mis bienes: a mi hijo no, a mi sobrino tampoco nunca, se pagará la cuenta del sastre, no dejo mis bienes a mi esposa, no a mi cuñado" Que mis deseos sean órdenes.
Facundo Fonseca

La esposa:

"Yo dejo mis bienes: a mi hijo no, a mi sobrino tampoco, nunca se pagará la cuenta del sastre, no; dejo mis bienes a mi esposa, no a mi cuñado" Que mis deseos sean órdenes.
Facundo Fonseca

Y, finalemente, el cuñado:

"Yo dejo mis bienes: a mi hijo no, a mi sobrino tampoco, nunca se pagará la cuenta del sastre, no dejo mis bienes a mi esposa no, a mi cuñado". Que mis deseos sean órdenes.
Facundo Fonseca
luu

sábado, 16 de abril de 2011

El sueño del Rey

-Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé.
-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.
Lewis Carroll


luu

viernes, 8 de abril de 2011

Instrucciones para subir una escalera, Julio Cortázar


Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
FIN

luu

jueves, 24 de marzo de 2011

Mi continuacion de "Residuos"

Para ver el original de Luis Fernando Verissimo, hagan clic ACÁ.
Nota: para entender este cuento, es necesario que primero lean el original. Luu.
   La mañana siguiente, en la bolsa desu vecina, él encontró las sobras de los camarones con arroz que habían comido la noche anterior (se habían decidido por la de ella, luego de una larga charla llena de interessantísimos argumentos que explicaban por qué habrían de ponerlo en tal o cual bolsa), bastante mina de lápiz rota, un par de hojas hechas pedacitos, una cáscara de mandarina, y los papeles que envuelven una bandita, algo arrugados.
   Intentó volver a juntar los trocitos de papel, para ver si lograba leer lo que decía, pero después de casi una hora, desistió. Era evidente que habían sido rotos así a conciencia, para que no pudiera interpretarse su contenido. Sonrió para sus adentros ante la idea de que ahora ella tendría sumo cuidado al tirar sus residuos. Sin embargo, él también lo hacía. Había pensado muchísimo si tirar la cajita de sal fina vacía era o no prudente. Se le ocurrieron mil teorías de cómo ella al notarlo, se disponía a evitarlo de por vida. Luego, por las dudas, había decidido que lo vería después, dejando el empaque sobre la mesada, junto a una colección de objetos usados, ahora inútiles, que se iban acumulando en tanto su indecisión crecía. Finalmente debería deshacerse de todo aquello, se había dicho. Aún así, ese era un tema que analizaría después.
   Revolviendo la bolsa, distraído, notó algo que no había visto antes: dos hojas de papel, dobladas cuidadosamente en cuatro, atadas, como en un paquetito, con una cinta rosada que terminaba en un moño. Se detuvo un momento, pero después tomó el paquete y tiró de uno de los extremos de la cinta, para desatarla. Eran poemas nuevamente, pero esta vez estaban escritos con letra extremadamente prolija, a veces arreglada con difíciles florituras. En los márgenes habían flores dibujadas. Los leyó. Eran preciosos, mucho más lindos que los anteriores que había escrito. Al final del segundo papel decía: "estos podés quedártelos, los escribí para vos". Una sonrisa se le dibujó en el rostro. Los leyó y releyó montones de veces. Cuando se dispuso a guardarlos, vio que el el reverso,  en letra pequeña, decía: "Se me antoja comida enlatada para esta noche".
luu

domingo, 20 de marzo de 2011

Mera sugestión, de Fernando Sorrentino

Un cuento cortito, parecido al que subí ayer:
        Mis amigos dicen que yo soy muy sugestionable. Creo que tienen razón. Como argumento, aducen un pequeño episodio que me ocurrió el jueves pasado.
 
        Esa mañana yo estaba leyendo una novela de terror, y, aunque era pleno día, me sugestioné. La sugestión me infundió la idea de que en la cocina había un feroz asesino; y este feroz asesino, esgrimiendo un enorme puñal, aguardaba que yo entrase en la cocina para abalanzarse sobre mí y clavarme el cuchillo en la espalda. De modo que, pese a que yo estaba sentado frente a la puerta de la cocina y a que nadie podría haber entrado en ella sin que yo lo hubiera visto y a que, excepto aquella puerta, la cocina carecía de otro acceso; pese a todos estos hechos, yo, sin embargo, estaba enteramente convencido de que el asesino acechaba tras la puerta cerrada.
 
        De manera que yo me hallaba sugestionado y no me atrevía a entrar en la cocina. Esto me preocupaba, pues se acercaba la hora del almuerzo y sería imprescindible que yo entrase en la cocina.
 
        Entonces sonó el timbre.
 
        —¡Entre! —grité sin levantarme—. Está sin llave.
 
        Entró el portero del edificio, con dos o tres cartas.
 
        —Se me durmió la pierna —dije—. ¿No podría ir a la cocina y traerme un vaso de agua?
 
        El portero dijo «Cómo no», abrió la puerta de la cocina y entró. Oí un grito de dolor y el ruido de un cuerpo que, al caer, arrastraba tras sí platos o botellas. Entonces salté de mi silla y corrí a la cocina. El portero, con medio cuerpo sobre la mesa y un enorme puñal clavado en la espalda, yacía muerto. Ahora, ya tranquilizado, pude comprobar que, desde luego, en la cocina no había ningún asesino.
 
        Se trataba, como es lógico, de un caso de mera sugestión.
luu

jueves, 13 de enero de 2011

Creced y multiplicaos, de Isaac Asimov (parte II)

—Sólo confío —repuso Blaustein— en que estas conversaciones no le perturben.
142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1—A lo mejor, sí. Me hace pensar otra vez en el tema. Y cuando lo hago, todo se pone mal. ¿Qué le haría sentirse parte de un cultivo bacteriológico, doctor?
—Nunca se me ha ocurrido pensarlo. Puede que a una bacteria le parezca normal.
Ralson ni le oyó, prosiguió hablando despacio:
—Un cultivo en el que se estudia la inteligencia. Estudiamos todo tipo de cosas, siempre y cuando se trate de sus relaciones genéticas. Cazamos las moscas de la fruta y cruzamos ojos rojos con ojos blancos para ver lo que pasa. Nos tienen sin cuidado los ojos rojos y los ojos blancos, pero tratamos de sacar de ellos ciertos principios genéticos básicos. ¿Sabe a lo que me refiero?

miércoles, 12 de enero de 2011

Creced y multiplicaos, de Isaac Asimov (parte I)

CRECED Y MULTIPLICAOS
142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1El sargento de Policía Mankiewicz hablaba por teléfono y lo estaba pasando mal. Su conversación más parecía un embrollo contado a su manera.
Estaba diciendo:
—Está bien. Llegó y dijo: «Enciérrenme en la cárcel porque quiero matarme.»
—...
—¿Qué puedo hacer yo? Éstas fueron sus palabras exactas. A mí también me parece cosa de un loco.
—...
—Oiga, señor, el tío responde a la descripción. Usted me pidió información y yo se la estoy dando.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Anochecer (6 to 200)

Recomiendo un cuento de Isaac Asimov, se llama Anochecer. Es simplemente genial. Es para amantes de la Ciencia Ficción. Este es el más grande escritor de CF que existe. Es un genio, sólo eso voy a decir de él.
Hagan clic acá para leer el cuento. Es algo largo, pero vale la pena al 100%.

¡Feliz Navidad!
luu

domingo, 7 de noviembre de 2010

La reticencia de Lady Anne - Saki

Acá hay uno de los cuentos que quería subir... El otro lo postearé otro día, probablemente después de Eventumi ♥


Egbert entró en la amplia sala oscura con el aire de quien no sabe si entra a un palomar o a un polvorín y viene preparado para ambas contingencias. No habían rematado la pequeña disputa doméstica sostenida durante el almuerzo, y ahora la cuestión era tantear hasta qué punto lady Anne estaba de humor para renovar o abandonar las hostilidades. Su postura en el sillón junto a la mesa de té era más bien elaborada y tiesa; y en la penumbra de la tarde decembrina los anteojos de Egbert no ayudaban gran cosa a discernir la expresión de su cara.